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Terra
La Coctelera

Babel, ¡gracias Iñarritu & Arriaga!

Vengo de ver Babel.

Estoy exhausta, he llorado tanto, mezcla de alegría melancolía, añoranza, reflexión y escribiendo esto vuelvo a llorar.
Me encanta ver algo que se paso por muchos años de planeación, sacrificio y el amor de todas las personas que trabajaron en ella.

¿Qué me dejo a mi?, un abrazo a mi corazón, recordándome que aislándome no gano nada, solo sufrimiento. Diálogo, humildad y obediencia es lo que percibí hoy en Babel. No voy a hacer una reseña de la peli, esa la puedes encontrar en cualquier periódico o página de Internet. Quiero hablar de lo que a mi me conmovió: soy parte de un entramado inmenso, donde mi actuar o palabras, aunque muchas veces no lo perciba, tienen implicaciones cerca y fuera de mi.

Es esperanzador saber que una pareja, aún después de los años y de las recriminaciones mutuas, en una situación extrema, pueden conjugar en un beso el amor que se tienen, pero por las dolorosas culpas no sabían si todavía habitaba ese sentimiento que alguna vez los unió. Es doloroso darse cuenta, que no se necesita ser un adulto para quebrantar las leyes, para corromper los lazos entre hermanos, para no respetar y honrar a tus padres; confundiendo el valor con la soberbia.
Sin olvidar la desesperación de jugar con la seguridad de terceros, sin medir consecuencias por pretender sobrepasar las reglas, esas normas que tantas veces me hacen desesperar, creo que las empiezo a entender: es la legalidad.

A pesar de la soledad y aridez del desierto, de la desesperación por hablar distintas lenguas y gestos, Gonzáles Iñaritu y Arriaga me dejan el dulce y sutil convencimiento de que la fragilidad de la desnudez frente a quien te dio la vida se funde en la esperanza de saber que hay situaciones provocadas del dolor que nos rebasan, pero siempre puede existir un alma a tu lado para cobijarte en un desinteresado abrazo.

Eso fue lo que me dejo Babel (y una sudadera llena de lágrimas y mocos, reemplazo de los carentes kleenex).

¿Qué te dejo a ti?

Ensalada, ¿o estoy salada?

Imagino que soy yo quien navegando por Internet encontraría este texto, ya me di hueva. Lo que tengo en la cabeza, no se porque me parece un caos, mi propia tragedia griega, y otra vez, ya me di hueva.
Lo que quiero decir, o me quiero decir es que no puedo estar pensando cada milésima de segundo en M., carajo!, si estoy en España, llevo 3 meses acá, estudiando, aguantándome a mi misma (y que complicada soy), para terminar moqueando porque no logre que M. se enamorara de mi.
Pura mierda con el.

Vengo regresando del festejo de Rocío, otra mexicana, linda, un par de años menor, que para mi cuchillo mental, ya a le hubiera cambiado varias cosas, y sin embargo; me parece que siendo como es, seguramente esa inocencia y necedad la pueden hacer destacar en donde se pare. Me parece que estando aquí, el castellano no se vuelve una lengua común, somos tan distintos de los españoles, me alegra que exista un océano de distancia entre ambos, me alegra ser mexicana y poder estar aquí, desesperarme por saber que la mitad de lo que digo no lo entienden o captan con la perspicacia que algún amigo en mx lo recibiría y aun así, con todo y que los quiero matar cada vez que yo tampoco les entiendo la miad de lo que dicen, me alegra estar de este lado, algo seguro, seguro aprenderé de todo esto.

¿Siempre tengo que ser la amiga poca madre que entiende a todos lo hombres?, hueva, ya me perdí con tantas ideas. Es que porque siempre un nuevo o viejo amigo me dice lo maravillosa, cómica, cínica, incisiva, honesta, y dechado de virtudes amables que tengo, pero porque chingados no hay un galán que me lo diga, carajo, otra vez regreso a pensar en M.
Puta madre!

Mejor me voy a dormir, el vodka con jugo de uva no sienta bien en el cuerpo de la corredora...

pues si, una mas

me doy la bienvenida, una mas de las millones de bloggers que ya deben de existir en esto... que va, me dio la gana, estoy en España y me quiero reir de mi misma cuando se acabe esta etapa.